No se puede
entender que, con las tecnologías de la información con las que contamos, se atesoren agoistamente materiales de valor para otros seres humanos en mohosas y oscuras habitaciones, inaccesibles, en lugar de ponerlos a disposición del público interesado. En dependencias propiedad del Estado o de poderosas instituciones duermen contenidos que iluminarían la vida de algunos y que inevitablemente irán desapareciendo.
Menos mal que instituciones como la Fundación Juan March toman nota y
liberan las conferencias que gente como
Zobel o
Siles han dado. Gracias.