Decidí amar
a Frau Dietrich, creo que desde que tuve uso de razón, por muchas razones: su elegacia, su berlinesidad, su voz, su amistad con Orson, su antifascismo.
Frau Dietrich huyó cuando Alemania y Europa, la Alemania y Europa de verdad, empezaron a descomponerse. Apoyó a la causa aliada decididamente siendo la cantante de Lili Marleen, algo que muchos jamás le perdonaron. Mantuvo, en suma, el civismo y la dignidad cuando más difícil es hacerlo, cuando la guerra y la inhumanidad convierten en genios a los asesinos, en modelos a los sinvergüenzas, sean del bando que sean.
La primera vez que escuche esta canción cantada por ella en alemán, decidí que la próxima vez que visitase Berlín me acercaría a decirle hola. Simplemente por decir, cantando y con humildad, que había que entender y aprender de lo que había pasado. Otra bofetada de civismo y humanidad de esta señora a su país, al que amó tanto que sólo regresó a él después de muerta.